Para nadie es un secreto que vivimos en una sociedad hipócrita y cucufata. No voy a negarlo, el triste y patético espectáculo brindado por la USMP no ha hecho más que confirmar lo anteriormente expuesto.
Es una vergüenza que una universidad sea tan hipócrita ante los ojos de la sociedad al despedir a un futbolista por sus declaraciones totalmente desatinadas y sin embargo, se margine a una profesional íntegra para evitar eventuales problemas derivados de su opción sexual. Y lo que es peor, ni siquiera tiene la gallardía de separar a las personas responsables de maquinar semejante atropello, y pedir disculpas públicas no solo a la agraviada sino a los que nos sentimos decepcionados de semejante despropósito.
Cabe recordar que nuestro actual Ministro de Educación, otrora rector de dicha casa de estudios, a propósito del concurso convocado para las plaza de docentes de hace unos meses, exija requisitos que ni siquiera pudo cumplir. Claro, una vez que fue expulsado de la PUCP por BAJO RENDIMIENTO, al desaprobar tres veces cuatro cursos, se fue a la muy apristona Universidad Nacional Federico Villareal, donde su padre, en esa época, era decano.
Por tal motivo, experiencias como la narrada por Esther Vargas deben ser puestas de manifiesto para evitar que se repitan, solo así cada uno de nosotros, homosexuales y heterosexuales, podremos realizar nuestro propio proyecto de vida y sentirnos realizados como personas.
Mis respetos Srta. Vargas.
Nota del Blogger: No soy homosexual.
lunes, 14 de abril de 2008
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